
Con la apariencia de caer al vacío en su borde más extremo, esta piscina es el lugar perfecto para disfrutar de las luces de la ciudad que brillan en el horizonte. Un patio cubierto hace de refugio para disfrutar de la vista y un chapuzón todo el año.

La piscina marca la frontera entre la casa y el paisaje. Una pérgola con tirantes de madera desde donde cae una cascada le da un atractivo especial. El revestimiento de la piscina en piedra blanqueada combina con el piso cerámico del resto del patio.

Con la aridez como paisaje, un spa circular es un remanso de paz. El contraste de texturas y colores es la vedette en este diseño. El celeste del agua se destaca con lujo entre tanta piedra y colores terrosos. Al fondo una cerca de hierro protege la propiedad pero deja ver la escasa vegetación que crece con empeño en los alrededores.